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Tres son las formas básicas de las botellas de vino: borgoña, borlandelesa y Rin y toman su nombre según la zona originaria de procedencia. Aunque estas sean formas básicas, nos encontramos con abundantes y curiosas variantes excepcionales como clavelin, jerezana, trococónicas, etc…
Las botellas comienzan a aparecer en el siglo XVII, cuando se extiende la tecnología y la producción comercial del cristal. Desde amorfas, panzudas, con forma de cebolla aplastada o con un largo cuello cilíndrico, fueron evolucionando hasta que se fabricaron rectas porque para apilarlas era mucho mejor. A partir de ahí, más que evolución, se convirtió la busqueda del diseño o de modas.
Las botellas antiguas, sopladas y terminadas a mano, se han convertido en antigüedades buscadas y coleccionadas por aficionados de todo el mundo. Hoy la botella de vidrio es el recipiente más común para el vino, su almacenamiento, transporte y servicio. En la antigüedad, el vino se servía a granel y se almacenaba o movía en ánforas de barro, pellejos de animales, barriles de madera y otra seria de contenedores de piedra, cerámica u otros materiales que podían transmitir sabores y olores al vino.
El vino se conserva mejor en recipientes oscuros, protegidos de la luz, por ello la mayoría de las botellas son de tonos verdes o marrones oscuros, llegando hasta los negros. El problema es que no se ve el color del vino, algo generalmente importante en rosados y blancos de consumo rápido, que suelen presentarse por tanto en cristal transparente, a demás de algunas excepciones como champanes exclusivos.
La botella estandar tiene una capacidad de 75 cl., que es, la capacidad pulmonar de un hombre y, por tanto, el tamaño resultante de forma natural cuando eran sopladas a pulmón. También se solía decir que era la cantidad ideal para consumo de una persona al día o de dos personas en una comida.
Formas básicas
Borgoñona y Borlandesa: Procedentes de Borgoña y Burdeos, es uno de los recipientes más conocidos para vino tinto. Se caracterizan por ser recta y austera, de hombros horizontales (borlandesa) y más redondeada y sensual (borgoñona).
Rin: Toma el nombre del río y la cuenca que riega las vides. Se caracteriza por carecer de hombros y se presenta más alargadas que las anteriores, con una forma tirando a cónica. Suele contener vino blanco.
Otras formas
Cava, Champán y espumosos: Por las características especiales de este tipo de caldo, este tipo de botellas han de soportar una gran presión debido a los millones de burbujas emergentes. Deben ser más resistentes y el grosor del cristal ha de ser mayor. Las botellas, aunque mantienen el tamaño estandar de 75 cl., son más pesadas y están coronadas por un gollete, algo que para otros vinos supone un elemento meramente decorativo.
Jerezana: Una aportación española, es similar a una botella bordelesa, tal vez un tanto convexa en vez de recta, y el cuello presenta un abombamiento, y un gollete particular, como en dos fases. Ha sido adoptada también por los productores de Oporto, y algunos otros vinos tranquilos (tintos y blancos), aunque es una sensación extraña el servir uno de estos vinos de dicha botella: se esperan los transparentes colores de una manzanilla o un fino, o los intensos ambarinos de un oloroso o palo cortado.





